Recuerdos ruidosos

Tenga la sensación de que me estoy haciendo mayor. O a lo mejor es que lo he visto en tal cantidad de películas en blanco y negro que el recuerdo se ha encastrado entre los míos propios y es como si lo hubiera vivido en primera persona.

El caso es que tengo grabadas en la mente determinadas redacciones y oficinas, como aquella en la que trabajaba mi padre. Y, más que las personas que allí se encontraban (casi tres décadas después, aún sería capaz de rememorar media docena de nombres); más que una imagen o un olor, lo que recuerdo es el sonido.

Tlac, tlac, tlacatlacatlaca, tlac… Un tableteo poderoso que es el antecedente, la prehistoria, de este susurro que recorre hoy en día casi cualquier lugar de trabajo a cubierto. Esa especie de trueno constante lo producían, efectivamente, varias máquinas de escribir funcionando a la vez.

Los tiempos cambian

En aquellos años, y durante unos cuantos más, aquel ruido me resultaba agradable, casi musical… hasta el día en el que yo mismo quise aprender a utilizar una de esas máquinas tal y como lo hacían aquellos a quienes yo veía usar los diez dedos y sin mirar al teclado…

Tras varias semanas de acabar con las muñecas doloridas, decidí que lo mejor sería decantarse por algo más cómodo, un aparato que permitiera corregir las erratas (que todavía hoy abundan en mis escritos) sin que ello supusiera más trabajo que el hecho de escribir en sí. Y, sobre todo, algo más blandito para mis dedos.

Dos letras que encierran un mundo: la P y la C

Por una vez, además, acerté con lo que iba a necesitar y coincidí con la inmensa mayor parte de los que precisaban escribir y no hacerlo a mano. El PC 386 que todavía está criando polvo en algún del trastero puede dar fe de ello.

Luego, anduvo el tiempo y, con él, la informática. Y los que hemos decidido dedicarnos a escribir no podemos quedarnos atrás: entre nuevos aparatos, programas y zarandajas varias, quien más quien menos se ha convertido en un verdadero experto en hardware, software, redes y páginas web de las que se pueden ver en horario de oficina y de las que no.

Un componente de impresión

Sin embargo, aún existe un componente informático que suscita todo tipo de dudas entre los usuarios: láser o de inyección; más cara o más barata; con cartuchos originales o reciclados… La impresión y todo cuanto la rodea sigue siendo una fuente de dudas y de discusiones entre quienes se encargan de la logística de la empresa.

Sin embargo, es esta una partida que no podemos dejar de lado, habida cuenta de que tener ordenadores y no disponer de impresora es una situación que no se distinguiría demasiado de que las máquinas de escribir de antaño no dispusieran de cinta entintada.

De acuerdo: la afirmación admite muchos matices, pero lo que no parece tener discusión es el hecho de que,  queramos o no, una oficina con ordenadores necesita una impresora o servicios de impresión digital ¿Cuál? Pues la respuesta es una y muchas a la vez:

No conviene ir a trescientos por un camino de tierra

Del mismo modo que es absurdo comprase un coche deportivo italiano de doscientos mil euros para circular por carreteras vecinales o un triciclo para recorrer Europa por autovía, es poco práctico comprarse una impresora que saque setenta páginas por minuto en un sitio donde se imprimen tres documentos al día; o el caso contrario, que también puede darse.

Por aclarar el símil del párrafo anterior (nunca se sabe si va a ser o no necesario), el mejor equipo de impresión es aquel que se adapta a las necesidades del usuario: uno mejor (y más caro) sería un desperdicio absurdo, mientras que uno más barato supone arriesgarse a que ofrezca las prestaciones que necesitamos.

Dónde comprar la impresora

Dicho esto, la elección aún no está completa: toda vez que sabemos qué modelo de impresora precisamos, que sabemos si es sólo para imprimir o si va a tener otras funciones, como de escáner o de fotocopiadora. Toda vez que estamos convenientemente informados de la parte técnica, hemos de hacer frente a la práctica.

¿Dónde compramos la impresora? La pregunta tiene una respuesta que se resume en un par de  frases, una negativa y otra afirmativa: No dejes nada al azar. Compra usando el sentido común.

Lo ideal es comparar, una vez elegido el modelo de impresora, o al menos el tipo de aparato, entre varios proveedores y quedarnos con el que más nos conviene. Y, para ir terminando este escrito, voy a comentar brevemente qué proveedor de maquinaria de oficina nos conviene:

No se trata sólo del vendedor que nos ofrece este periférico más barato –que es un criterio importante, de acuerdo-, sino del que lo hace con las mejores de garantías de que nos va a llegar en las mejores condiciones y de que nos va a ofrecer un buen servicio postventa.